“Un sábado cualquiera…

…vas a ganar o vas a perder”. Algo así decía Al Pacino es la película “Un Domingo Cualquiera” de 1999, en donde se relataban las historias de camarín del fútbol americano que se juega en el día de descanso del pueblo yanqui.

En este caso, la frase con esta pequeña modificación también aplica. En una noche de sábado de club swinger, puedes ganar o puedes perder, según sea tu propia definición de éxito. Una noche en un club swinger puede traer grandes sorpresas, tanto positivas como negativas, y cómo lo tomes va a depender de cómo cuán serio o relajado se tomen la experiencia como pareja. Lo que nos ha enseñado el tiempo es a tener paciencia, y por cada noche con malas sorpresas, generalmente vienen muchas agradables, así que una mala noche no hay que tomarsela tan a pecho.

¿Y cómo es una noche de Alexa y Mateo en un club?

Bueno, una noche de parranda parte siempre unos días antes, aunque quizás siempre estemos pensando en eso y por eso lo digamos. Todo empieza con un simple mensaje de texto con una fotografía.

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Foto real tomada por Mateo

“Amor, mira me gustaron los zapatos plateados que aparecen en arriba, como hechos de espejos. Pregunto si los tienen en 35?”

“Pero esos zapatos solo los podría usar donde tú sabes” – Me contesta Alexa, percibiendo ya mis malas intenciones.

“Es la idea” – Le contesto con una sonrisa en la cara.

Este tipo de mensajes nos mantiene entrenidos toda la semana, preparando salida del Sábado siguiente. Pasamos a veces horas hablando de cuál vestido se va a colocar, qué zapatos usará, y a veces Alexa monta un desfile en nuestro dormitorio mostrándome cómo le quedan los vestidos que usaría para seducirme a mi y a todo valiente que nos quiera acompañar a jugar. Este tipo de juego inexorablemente termina por excitarnos y terminamos haciendo el amor diciéndonos al oido todas nuestras perversas ideas.

“¿Te excitaría hacer un intercambio esta semana?. ¿Verme con otro hombre?” – Me lo dice jadeando a mi oído mientras la penetro en la privacidad de nuestro dormitorio.

“Sí, ojalá encontremos una pareja que nos guste a los dos, y ver cómo te sacan gemidos de placer mientras yo penetro a la esposa de nuestro nuevo amigo.” – Le digo casi perdiendo el control.

“Me encanta ver cómo se la metes a otras mujeres, amor. Sentir como te disfrutan, me calienta. Pero sobre todo, me caliente la forma en que me miras cuando me la mete otro hombre.”

“Me encanta ver cómo te dan placer. Y me vuelve loco verte chuparsela a otro hombre cómo si se te fuera la vida en eso. Me encanta verte disfrutar” – Le digo aguantando mi orgasmo lo más que puedo, ya que la imagen mental que Alexa ya ha dibijado en mi mente me provoca tal grado de excitación que me resulta dificil de prolongar mi orgasmo.

“¿Así que te gusta verme chuparla? ¿Quizás me arrodille y se las chupe a los dos al mismo tiempo. ¿Te gusta eso?” – Me cuenta con la respiración entrecortada, pidiéndome que no pare.

Nuestra respiración esta agitada. Nuestro cuerpos sudados. Por mi nariz me penetra el exquisito perfume francés que le regalé cuando viaje por última vez en al extranjero por negocios, que en la piel de Alexa se siente como un pedacito de cielo. Siento mi presión sanguínea a tope, y la presión deliciosa que siento en mi entrepierna me hace someterme a todos los deseos de Alexa. Contener mi orgasmo está siendo casi una tortura.

Alexa siente mi excitación, y comienza a mover las caderas de forma más intensa. Le gusta llevarme a los extremos, en un contínuo juego de sometimiento y control.

“¿Y te gustaría que acabara en mi carita?” – Me dice con una voz de niña inocente.

Y ese es el golpe de gracia. Con esta imagen en mi mente, pensando en ver los delicados y hermosos labios de Alexa bañandos en los elixires de placer de un compañero de juego eventual, me hace explotar de placer y llenar con mi propio fluido vital las calientes y húmedas profundidades de mi amada, quién al sentirme inundar su ser con mis calientes jugos, explota de placer en forma simultánea a mi. Ambos perdemos el control, y nos fundimos uno en el otro, tanto dentro de nuestro amor, como en nuestras perversiones sexuales.

Nos separamos y reímos. Ha estado increíblemente placentero. Nos hemos vuelto loco jugando en nuestro dormitorio, y realmente no hemos jugado con nadie más. Sólo con nuestros recuerdos y fantasías. Sin duda repetiremos varias veces antes de la salida del Sábado siguiente a ese club swinger.

El sexo es curioso, y fundamental a la hora de mantener junta a una pareja. Tener perversiones ocultas genera una dosis de complicidad dentro de la semana, que mantiene la llama viva todos los días. Esa complicidad en la cama genera claramente que nos cuidemos más en la semana en las actividades rutinarias de la vida, lo que conlleva indudablemente en un mejor sexo en la noche. Los psicólogos lo dicen…”un buen sexo comienza en la mañana, y va a depender de cómo se traten durante todo el día.”

Durante la semana, continuan las indirectas que enmascaran mis más siniestras perversiones sexuales.

-Amor, mira lo que me apareció en Instagram, justo lo que me recetó el doctor para sacarme el estrés, jajaja. Ya te imagino en lencería jugando con otra chica así como en la foto”.

-“Eres un loco, por es te amo”– Me contesta con una sonrisa en la cara, por que este tipo de perversiones no son sólo mías, sino de ambos.

Hasta que llega el esperado Sábado en la noche. y nos preparamos para ir al club. Ya hemos cumplido nuestras labores de padres, y hemos jugado con nuestros hijos todo el día entero, así que ahora nos toca a nosotros. Todo parte por preparar nuestro dormitorio con algo de música motivante, ducharnos, perfumarnos, y arreglarnos para impresionar, cómo dice unas de las reglas del mundo swinger.

“Amor, hoy hay fiesta de Minis y Tacones en el club. ¿Te parece que te coloques esa mini negra que te queda increíble con ligas?” – Propongo coquetamente.

Y así parte el último desfile de modas antes de la fiesta.

-“Mateo, ¿Esta mini se me ve bien con esta polera?, ¿O se me ve el rollito?, ¿o ocupo esta polera mejor? ¿O es mucho escote?” – Me invaden con preguntas, que ayudo a despejar una a una de modo de ayudar a mi amada a que luzca lo más sexy posible esa noche. Aunque para mi luce siempre bella.

Yo con tanto desfile de lencería y vestidos sexys ya me voy excitando. Claramente al club llego “pre graneado”.

Tras buscar a la niñera, dejamos la casa lindos y olorosos a “guen champú”, y con nuestra mejor cara nos dirigimos a la fiesta de Minis y Tacos. Coloco la radio preferida de Alexa, y con mi mano derecha busco su mano para ir de la mano. No dejamos de tocarnos en todo el viaje, de modo de intensificar nuestra conexión como pareja. De vez en cuando, toco sus sensuales muslos desnudos. Aprovecho los semaforos en rojo para rozarlos coquetamente, como probando los límites que voy a traspasar más tarde. A veces miro los tacones con miles de brillos que ha elegido para la noche, y me imagino como esas armas de seducción cautivarán a los varones del club. Todo en Alexa resulta maravilloso.

Recorremos las calles mientras Alexa se termina de maquillar. Termina delicadamente cada uno de los detalles que adornaran su rostro ese día, los cuales me cautivarán durante toda la noche.

“Seguro los terceros que irán al club esta noche no dejarán de mirarla” – Pienso y me sonrio. Me gusta que la deseen, que imaginen las cosas que le harían. Pensarán “tan cerca, y tan lejos”, ya que Alexa no permitirá que la acaricien si a ella no le agrada el tercero. Y no todos serán afortunados de acariciar su piel.

Coloca las uñas acrícilas una a una en su falda, y pacientemente las coloca una a una en sus uñas naturales. Sabe que me encantan sus unas largas, sobre todo me encanta sentir como estas arañan delicacamente mis testículos cuando me da sexo oral. Algún deseo masoquista invade me perturbada y perversa mente en alguna ocasión.

Llegamos al club cerca de medianoche, y el equipo de recepción nos tiene reservado un lugar donde estacionar. Somos casi de la casa, y nos reciben como tal. Siempre un agrado volver a un club donde te reciben tan bien.

Pagamos nuestra entrada, y subimos al segundo nivel. La pista nos recibe casi vacía, ya que es muy temprano. Pero nos gusta llegar temprano para poder elegir donde nos sentaremos, y además podamos compartir solitos la primera parte de la noche. El sábado no es solo una oportunidad para conocer a nuevas personas, es nuestra oportunidad para hablar de la vida, de nuestras cosas, de nuestros sueños y esperanza. Es una oportunidad para bailar, seducirnos, y ser más complices como pareja.

Ejemplo de una pista de un bar swinger real.

Llegamos al bar y pedimos nuestra botella de espumante preferida. Pedimos dos copas, una cubetera, y mucha buena vibra para que la noche sea un éxito. Nos ubicamos cerca de la pista a beber nuestro vino espumante, mientras me deleito con las preciosas piernas de Alexa que se mueven al compas de la música electrónica de la primera parte de la noche.

Poco a poco las parejas comienzan a llegar. Parejas jóvenes con la adrenalina a mil dado que es la primera vez que vienen a un club de estas características; parejas maduras que vemos casi todas las semanas difrutando del club como nosotros; algún tercero que llega con toda la esperanza de tener una buena noche de sexo; grupos de amigos que se notan que tienen mil historias juntos; en fin, buenas personas, normales, queriendo disfrutar de una buena noche.

Nosotros generalmente somos muy quitaditos de bulla. Hace unos años nos acercabamos más a conversar en frío con otras parejas, que muchas malas experiencias nos enseñaron que no somos buenos en eso. Así que preferimos que si una pareja le gustamos, se nos acerque a conversar.

La musica empieza a cambiar, y empieza la parte más bailable de la noche. Así que Alexa me pide que bailemos. Poco a poco nos vamos seduciendo en la pista de baile y así vamos preparando el ambiente de lo que sucederá más avanzada la noche. En la pista de baile, me dedico a observar a otras parejas y su dinámica: algunos conversan, algunos nos miran y ocultan su mirada si los miramos; otros están en su propia dimensions difrutando de su relación. Cada uno con su historia, cada uno con su propia fantasía.

Volvemos a nuestro asiento y tomamos la segunda copa de espumante.

“Te tinca ir a los cuartos de juego” – Me pregunta Alexa, con una sonrisa en la cara, y yo como no me puedo resistir a su cara de perversa, no puedo decir que no.

A veces, antes del show de la noche, nos vamos a jugar a los cuartos de juego. Usualmente estan desocupados, y sabemos que no tendremos acción swinger, pero nos gusta jugar solos para disfrutar de nuestra compañía. Nos excitamos con juegos, sexo oral, hasta a veces nos excitamos con algún voyerista que se nos queda viendo como recorremos nuestros cuerpos buscando placer. Nos gusta que nos miren sin decir nada…pero nos encanta que se nos coloquen al lado buscando acción. De los juegos preferidos de la primera parte es usar el “muro francés”, que no es otra cosa que un muro con varios agujeros en donde se puede colocar el pene, y al otro lado del muro alguien te puede dar sexo oral y tocarte.

Ejemplo de Muro Francés…o Glory Holes.

Me excite de sobre manera que Alexa me dé sexo oral en el muro francés. El no verla directemanete, me hace entregarle todo el control de la situación, no permitiéndome anticipar ninguna de las jugadas de ella. Me vuelve literalmente loco que me de sexo oral así. Comienza a lamer lentamente, como una gatita pequeña mi expuesto glande, lo que me arranca suspiros de placer. De a poco, siento como lo va introduciendo de a poco en su caliente y húmeda boca. Lo chupa, los disfruta como una niña a un helado.

-“¿Te gusta?” – Me pregunta a través de uno de los agujeros que está más arriba en la pared. Jadeando le digo que sí, y le pido por favor que siga.

Y sigue con su travieso juego, ahora introduciendo mi pene hasta lo más profundo de garganta. Me encanta sentir como sus femeninos labios rozan la base de mi ya endurecido pene. Continua con esos chupeteos que me vuelven loco, caricias que me hacen perder el sentido de donde estoy, y de lo que está ocurriendo. No me queda más remedio que arrojarme a las sensaciones placenteras que me están regalando. El placer es extremo y cautivador, pero le pido que pare ya que me gusta parar antes de llegar al orgasmo, de modo de alargar la fiesta todo lo que sea posible.

Ejemplo de un cuarto de juegos de un club swinger

Tras jugar así, generalmente cruzo a la habitación donde está, y la coloco de espalda en las camas grandes de este tipo de lugares, y me propongo a darle sexo oral. Sutilmente abre las piernas, y yo le subo el vestido, dejando ante mi una delicada lencería Victoria Secret que tiene reservadas para nuestras noches de travesuras.

-“Si que Victoria tenía un lindo secreto” – Me digo mientras relamo mis labios por el delicado postre que me voy a comer pronto.

Me encanta correr ligerantemente la delicada lencería que está usando esa noche, y comenzar a degustar su delicado y depilado sexo. Comienzo a besar suavemente sus suaves labios mayores de modo de empezar a sensibilizar la zona. Unos suaves “hmmm” me dicen que mis caricias orales están sugiendo el efecto esperado. De a poco voy atacando las inmediaciones de su sensible clítoris, pero sin llegar a este de inmediato. Quiero desesperarla como ella lo hizo conmigo hace unos instantes.

Meto mi nariz en medio de sus piernas, de modo de llenarme de su exclusivo aroma. Me encanta sentir sus particularidades de hembra, y me excita pensar que existe la posibilidad de que otra persona disfrute de este fruto prohibido ante mis ojos. “Ojalá otra chica disfrute lo que yo hoy…” me digo mientras lamo ese delicado y sensible pliege de piel. Cuando lo hago, siento un pequeño salto que me indica que he llegado al punto preciso, y comienzo con la punta de mi lengua a estimular la zona. Disfruto de cada uno de sus gemidos, de cada contracción involuntaria de sus músculos de su vagina, de cada suspiro robado por las sensaciones de placer que le estoy propinando.

Tras unos interminables minutos de perder el control, me pide que pare. Alexa prefiere no terminar y alargar el placer, para prepararnos para lo que queda de noche. Volvemos entonces a la pista de baile, justo al momento de que comienza el show.

Nos servimos la tercera copa de espumante, y esperamos a que salgan los bailarines. Pacientemente esperamos ver los mejores pasos de baile de ambos bailarines, los cuales generosamente nos regalan unas hermosas postales de su anatomía. Me encanta ver como los bailarines tratan de seducir a Alexa sin lograr su cometido, aunque ella traviesamente mira de reojo el erecto miembro que colocan cerca de su cara, pero no llega a tocarlo.

-“No me gusta que los bailarines se pongan vaselina” – Me confiesa por enesima vez cuando le pregunto porqué no ha aprovechado de tocarlo. Sonrio nuevamente, como lo hago siempre que me da esa respuesta.

Antes la bailarina me bailaba más seguido a mi, pero no lo hacen tanto. Pero a veces tengo la suerte que me escojan para un baile más intimo, y aprovecho de rozar su cuerpo esculpido por el gimnasio.

“Tócala, aprovecha” – Me dice Alexa incentivando un comportamiento más lascivo de mi parte. Pero a mi me da pudor, ya que sé que en realidad ella lo hace por dinero y no por que yo le guste. Por lo tanto, me siento invadiendo su privacidad, y no me atrevo a más que rozar su cuerpo y no tocarlo como vil desesperado. Para mi no hay nada más excitante que el consentimiento explícito.

Con esos bailes termina el show, y comienza la segunda parte de la noche. Terminamos la botella de espumante, y nos proponemos ir a los cuartos de juegos a ver lo que nos trae la noche. En la pista de baile no se nos ha acercado nadie, por lo cual tendremos que tentar la suerte en los cuartos oscuros. Dejamos nuestras perteneciencias monetarias en los lockers que dispone el local, de modo de no pasar una mala noche, ya que en estos años hasta nos han robado en los cuartos de juegos. No es una situación recurrente, pero nos ha ocurrido.

Entramos a los cuartos de juego de la mano, y nos disponemos a jugar en el cuarto de parejas, ya que vemos a una pareja bastante sexy que nos llama la atención. Y para suerte nuestra, hay un espacio en donde nos podemos colocar.

-“¿Les molesta que nos coloquemos a su lado?” – Le pregunto al chico, a quién le están dando una mamada de campeonato. Me dice que no hay problema, así que felices nos sentamos a su lado.

Alexa se tienta, y me dice que me quiere dar sexo oral. Yo ni tonto ni perezoso, me coloco frente a ella, que sigue sentada, y bajo mis pantalones para que golosamente meta mi pene en su caliente boca. Mientras me la chupa, veo como la chica le sigue dando sexo oral a nuestro compañero de juegos, mientras de reojo ya percibe nuestra presencia.

“¿Te puedo tocar?” – Le pregunto a la chica suavemente, para no incomodarla. Al escuchar, me mira y me dice que sí, con lo que se abren los juegos swinger esa noche.

Así me comencé suavemente a tocar sus hombros, a disfrutar de su delicada piel de unos 30 años. De a poco me empecé a acercar a sus jovenes senos, mientras Alexa me seguía chupando deliciosamente mi pene. La chica seguía también en su tarea de darle sexo oral a su pareja, quién también buscaba tocar los senos de Alexa a través de su vestido. Alexa al percibir el interés de nuestro amigo, detuvo se paró y se sacó el vestido, quedando solo en colaless y tacones. Se veía exquisita en esa tenida, adornada solo por las luces de neón de la habitación.

Mientras Alexa se desvestía, me acerqué por detras a la chica que estaba de rodillas, y comencé a besar su espalda. Al percibir mis caricias, se reclinó hacia atrás para darme más comodidad a tocarla. Coloqué mi pene duro y desnudo sobre sus nalgas y la abracé desde atrás para acariciar sus senos con mis manos libres. Eran unos senos turgentes, con un pezón en punta que se endurecía con el calor de mis manos. Nuestro amigo, al ver que su chica comenzaba a jugar conmigo, miró a Alexa como preguntando si podía seguir con ella, con simplemente se arrodilló ante él y se metió el pene en la boca. Nuestro amigo suspiró de placer.

Nuestra amiga se dió vuelta y buscó mi pene, el cual golosamente se lo echó a la boca para seguir la tarea que Alexa había dejado inconclusa. Aplicaba una succión deliciosa, y un ritmo constante que me hacía cerrar los ojos y ver aún así en colores. De reojo miraba a Alexa como disfrutaba del pene de nuestro nuevo amigo, y se lo metía ritmicamente en cavidad bucal.

Seguimos así un rato, hasta que escuché pedir a Alexa un condón. Ella claramente quería ir más allá en la experiencia. Poco después la ví de espalda con sus piernas abiertas disfrutando las joviales embestidas de nuestro joven amigo. Alexa movía sensualmente sus caderas para lograr una penetración más profunda y placentera, lo cual volvía loco a nuestro amigo.

Yo tomé de la mano a la chica, y la coloqué en posición de perrito. Era una delicia ver esas nalgas abiertas y receptivas a mis caricias, y no pude resistir ponerme de rodillas y empezar a recorrer con mi lengua sus delicados labios mayores. Me encontré con una vagina deliciosa, jugosa y de sutiles aromas que estimularon mis sentidos. Chupba buscando sus jugos de placer, rozando ritmicamente el sensible clítoris que tenía a disposición. Al lado mío sentia como los cuerpos de Alexa y nuestro amigo sonaban con cada embestida, y de cuando en cuando sentía un gran gemido de placer de Alexa por la profunda penetraciones que estaba experimentando.

Me puse el preservativo, y penetré a mi nueva amiga. La tomé de las caderas y la penetré firmamente desde atrás. Ella gemía de placer en cada una de mis penetraciones. A mi lado, una ya sudada Alexa le comía la oreja a nuestro amigo, quién casi perdía el control de su excitación. Yo alternaba mis penetraciones con estimulaciones manuales al clítoris de mi nueva amiga, lo que le robaba unos poco dismimulados gritos de placer. De cuando en cuando, con Alexa nos mirabamos a los ojos de modo de disfrutar de nuestras perversas miradas, mientras ambos disfrutabamos de unos atractivos treintañeros compañeros. No hay nada como tener sexo con otra persona, pero seguir conectados con Alexa en nuestras más profundas perversiones.

Así estuvimos un rato, intercambiando distintas posiciones. Estuvimos así hasta que nuestros treinteañeros compañeros llegaron a su orgasmo. Luego tomaron sus cosas, y se retiraron. Pero nosotros nos quedaba energía y ganas de llegar a nuestro orgasmo.

“Te gustó como te penetraba nuestro nuevo amigo” – Le decía a Alexa mientras la penetraba. Su vagina estaba muy mojada dadas las muchas travesuras que habíamos hecho hasta ese momento.

“Si, estuvo rico, se movía bien” – Me decía mientras me pedía que se la metiera más profundo.

No tardamos en llegar a nuestro orgasmo, lo que me llevó a experimentar una muy placentera descarga de pasión. El sentir que mueres y revives al mismo tiempo es una experiencia gratificante, que te hace apreciar las cosas simples de la vida. En esa oportunidad sentí como mis calientes jugos de placer recorrian desde mi testiculos a la punta del pene, estallando en un húmedo y plancetero orgasmo que llegó la vulva de Alexa, la cual se contraía rítmicamente buscando extraer todo mi placer.

Nos besamos tiernamente. La experiencia había sido nuevamente notable.

Había sido otro sábado cualquiera.

Alexa y Mateo.

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