Swinger desde la perspectiva histórica

A). Antecedentes más recientes del movimiento Swinger

Según el Dr en psicología Harold Greenwlad, escritor del libro “The Sex-Life letters (1972)”, la palabra swing se utiliza con referencia al sexo desde la primera década del siglo XX, en los sesenta significaba tener sexo y contar con una vitalidad incontenida y desde los setenta se conoce como Swinger a quién tiene sexo promiscuo con varias personas (ya sea en serie o todos a la vez) o que se involucra en fiestas de intercambio de parejas y/o actividades bisexuales. De acuerdo a la obra de Terry Gould (“The lifestyle: A Look at the Erotic Rites of swingers”), el intercambio de pareja comenzó entre los pilotos de la fuerza área y sus esposas durante la segunda guerra mundial. Los pilotos de combate americanos compartían a sus esposas con sus camaradas, bajo el compromiso de que cuidarían de ellas y sus hijos si eran derribados. El estilo de vida swinger nace en Filipinas a mediados de los 50´s cuando los soldados estadounidenses mataban el tiempo en bases fuera de su país. Algunos militares–junto a otras mujeres, que no siempre eran sus esposas- inventaron un juego que consistía en poner dentro de un sombrero las llaves se sus habitaciones para que al azar cada quién tomara una e intercambiar parejas. De ahí que la cerradura y las llaves formen parte de la simbología del movimiento. La práctica se ha extendido en Estados Unidos y Europa principalmente y de ahí a muchos otros países. En la España de los años setenta fue reconocido en círculos restringidos que organizaban reuniones de pequeños grupos en Madrid. Revistas como la histórica Lib y encuentros fueron de los pocos canales de contacto entre parejas a finales de los setenta y durante los ochenta. A Argentina llega a finales de los 80´s por iniciativa de un grupo de hombres de clase alta que habían conocido el “club de parís”, la meca del swinger europeo. En México el movimiento inicia en los los 90´s en las principales ciudades de la república y a mediados de esta década las revistas “club swinger” y “galería Erótica” servían para propagar el movimiento y como canales de contacto. A partir del año 2000 inicia el auge de los bares “Swinger” en la capital de la república.

Podemos remontarnos aún más lejos y analizar la sexualidad del ser humano desde la época de las cavernas.

Rona Jaffe, una novelista americana finada en el 2005 escritora del libro “The Bestof Everything”, aseguraba: “la revolución sexual no es nueva, la gente ha estado swingeando desde que esta sobre esta tierra”.

La sexualidad evolucionó junto con la mentalidad del ser humano. Comenzó en la prehistoria como una simple satisfacción del impulso reproductivo. Luego ocupo un sitio en las creencias religiosas. Más tarde fue perseguida y reprimida por la sociedad. Las culturas sexuales hegemónicas fueron construyendo ideologías y políticas basándose en autoridades filosóficas, religiosas y médicas. En otras palabras, nuestras vivencias entorno a la sexualidad, a las relaciones en pareja y al amor son estructuras propias de cada época, civilización, religión e incluso organización económica; por lo tanto, han ido variando a través del tiempo.

El hombre, en su contexto natural, ha jugado el papel de proveedor para su familia desde muy tempranas etapas de la evolución humana. La mujer, por su parte, ha adoptado el papel de procreadora, es la encargada, no sólo de dar vida sino de alimentar y cuidar a las crías. Y esta característica se repite en la mayoría de las especies animales. Pero en tanto la mujer (o hembra) se encarga de cuidar y alimentar a sus crías, le es imposible conseguir el alimento para sí misma y sus crías, que se alimentan de ella. Por eso, es el hombre (macho) quien sale del hogar (la cueva) y se encarga de buscar el alimento para él y su familia. Así se ha hecho por miles de generaciones a lo largo de la existencia humana, y los valores que, según la moral, se han adquirido a través del aprendizaje consciente, en realidad no se alejan mucho de esa verdad. Los roles que juega un hombre y una mujer dentro de la sociedad están determinados en parte por estas necesidades primigenias, y en parte, por la moral aprendida y modelada desde relativamente recientes fechas.

3.2.1 PERPECTIVA HISTORICA

B-1). Sexo en la prehistoria.

Venimos de fábrica con un poderoso apetito sexual que nos impulsa a buscar pareja, y aunque parezca que ciertas artes amatorias son muy recientes, lo cierto es que existen desde hace miles de años. La exposición “sexo en piedra” en Atapuerca, en la provincia de Burgos España, trata de explicar científicamente por qué el sexo por placer ha sido un motor constante en la evolución del ser humano, y muestra que en la prehistoria ya existían los besos y los abrazos, las felaciones, sexo oral y anal, las relaciones homosexuales juguetes para masturbarse y todo tipo de posturas. Marcos García Diez, coordinador de las cuevas prehistóricas de Cantabria, y Javier Angulo, son los comisarios de la muestra de Atapuerca, que se ha basado en los datos de su libro “sexo en piedra” (Ed. Luzán 5, 20005). Eudald Carbonell director del Instituto Catalán de paleontología humana y evolución social y codirector del Proyecto Atapuerca señala: el sexo es un motor fundamental en el desarrollo y el comportamiento del Homo Sapiens. Los primeros homo sapiens que llegaron a Europa ya eran anatómicamente y cerebralmente iguales que nosotros y cabría pensar que tenían nuestros mismos gustos. A lo largo de toda Europa se han hallado numerosos dibujos en piedra, grabados en carbones y huesos que muestran los comportamientos sexuales del paleolítico superior. Estas pinturas, que constituyen las primeras muestras de arte prehistórico, proceden de las últimas sociedades cazadoras-recolectoras y datan de hace entre 40mil y 10mil años de antigüedad. Entre estas primeras muestras, hay un pequeño número de figuras humanas que aparecen en actitud sexual. En ellas se puede observar la evolución de la sexualidad y como fue pasando de un mero encuentro de apareamiento al sexo por puro placer y amor. Cuando el sexo se convirtió en erotismo y la cópula se transformó en un fenómeno sociológico se desconoce. Las pinturas halladas en cuevas demuestras que en cierto momento hombres y mujeres tenían un comportamiento sexual como el nuestro pero más desinhibido. Un ejemplo, es un grabado que expresa masturbación, en el que aparece un pene con una mano al lado y del que salen rayas del glande.

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Se han encontrado numerosas figurillas entre 10 y 15cm que datan del paleolítico de mujeres voluptuosas con grandes pechos, caderas anchas, con celulitis y vulva elevada, que se cree representan la fertilidad o que tenían un papel de fetiche erótico. Otros ejemplos antiguos con la Venus Auriñaciense y los grafiti paleolíticos de las cuevas de Abri Castanet representando vulvas.

Detalle anatómico de vulva y grabado de la cueva de Le Nanchard en Francia FICHERO2525 Las pinturas del Camarín de las Vulvas de la cueva de Tito Bustillo, arte paleolítico de Europa, muestras sexuales femeninas del arte rupestre conocido Venus de willendorf

Las imágenes más antiguas tienen que ver con la reproducción, que era el único motivo. Ya conocían el proceso fisiológico del embarazo y el parto. Un gravado hallado en una cueva francesa explica el proceso del parto; aparecen 3 vulvas, con una línea. De izquierda a derecha puede verse el proceso fisiológico del parto; la línea cada vez más dilatada y en la última imagen, se observa la cabeza del niño saliendo. Otro ejemplo de la relación original entre sexo y reproducción son las estatuillas encontradas en las cuevas de Grimaldi, en Italia. Tienen entre 10 y 15 cm y corresponden a tres imágenes de mujeres: una tiene el abdomen abultado y la vulva abierta, otra tiene un vientre menos voluminoso y de la vulva aparece una cabeza que la figura agarra con las manos, y la tercera tiene una vulva dilatada y el vientre fláccido como si acabara de parir. Conforme avanza el paleolítico las imágenes cambian y empiezan a mostrar escenas de sexo por placer. De acuerdo con García Diez “son el primer kamasutra, ya que se han hallado imágenes que muestran posturas muy diversas y actuales del coito; y si la finalidad es reproductiva, ni juegas ni experimentas, y esos dibujos muestran diversión”. en una escena, un hombre toma de la pierna a la mujer para lograr una mayor penetración y en otras, hay escenas de sexo oral e incluso se conserva una imagen en la que aparece un mirón: un hombre de rodillas, una mujer en postura de cuatro patas y un tercer personaje los mira. Dibujos y grabados de penes gigantes con grandes escrotos, y de vulvas abiertas podrían señalar, según los paleoantropólogos, que la sexualidad estaba ya basada en un juego de atracción sexual y de búsqueda de experiencias, como ocurre en la actualidad. Las investigaciones de Angulo y García sugieren que desde hace más de 25mil años los miembros de nuestra especie hemos disfrutado de los placeres del sexo más allá de la reproducción.

encuentro sexual entre los dos protagonistas de este artículo, los Homo antecessor Oxun y Saboaba

3.2.2 PERPECTIVA HISTORICA

   B-2). Sexo en la prehistoria.

En la prehistoria el sexo no era tabú como en nuestra sociedad. Todas las imágenes sexuales aparecen en espacios de uso cotidiano, donde habitaban, lugares comunes, lo que denota que el sexo formaba parte de su cotidianidad. Hay incluso muchas figuras situadas en lugares de paso, lo que lleva a pensar a los científicos que probablemente el sexo no estaría vinculado a la intimidad, que nuestros antepasados no se escondían para copular, sino que era algo más social. Señala García Diez que de hecho en la actualidad hay grupos primitivos que mantienen relaciones sexuales en sus tiendas o cabañas abiertas de manera que el que pase por el frente pueda verlos.

Escenas de coito frontal de los Casares y La Marche 20100806_Plaquette_de_La_Marche_Marcos_Garcia_Diez2

  plaquette de la Marche

Buena parte de las imágenes que se han encontrado son muy explicitas y muestran la penetración y la excitación en pareja, con figuras con el pene erecto y vaginas con los labios mayores abiertos y secreciones. Muchas de las prácticas sexuales actuales tienen miles y miles de años de antigüedad, como el cunnilingus y el annilingus, que ya se practicaban en el paleolítico como puede verse claramente en algunos dibujos que se han encontrado en cuevas por toda Europa. Eso refuerza aún más la idea de que las relaciones sexuales no perseguían únicamente la reproducción, sino también el placer. También se masturbaban con las manos, con otras partes del cuerpo y con instrumentos que fabricaban. Los bastones de mando de forma fálica, con una ergonomía potencial como elementos para obtener placer sexual, pudieron haber sido usados para practicar el onanismo. En Gorge d´Enfer, en Francia, se hallo una figura de un doble falo de 9.5cm de ancho y 11.5cm de alto en forma de L que se cree podría tener la función de consolador. En el museo Nacional de Prehistoria de Francia, en Dordoña hay, de hecho, una colección de falos de entre 20 y 30cm. Incluso se ha hallado una imagen explícita de bestialismo, en la que se ve una figura masculina con el pene erecto a escasa distancia del culo de una cabra.

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 Dildos prehistóricos

Doble falo El doble falo de la imagen forma parte de un bastón encontrado en la cueva francesa de George D´Enfer Falos del paleolitisco Falos

Colección de Falos y doble falo

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En el paleolítico nuestros ancestros ya conocían también los besos y el abrazo desde hace más de 25mil años como se observa en diversos dibujos; el más evidente destacan los investigadores Javier Angulo y Marcos García, es una piedra caliza ubicada en la cueva francesa de La Marche, en la que se ve dos figuras en posición frontal con las bocas juntas. Según Angulo y García la homosexualidad ya formaba parte de la cultura social del paleolítico superior. Algunas imágenes sugieren que ya se daba la homosexualidad, como un grabado en una placa de piedra de la cueva francesa de La Marche, que muestra una figura femenina haciéndole cunnilingus a otra. En otra piedra caliza del abrigo rupestre de Lausselk, en Dordoña-Perigor (Francia), una imagen de hace 27mil años muestra a 2 mujeres con las piernas entrelazadas (la postura conocida como “la tijera”). En Gonnersdorf, un yacimiento Alemán a orillas del Rin, decenas de placas muestran parejas de mujeres, una de ellas, de 12mil años de antigüedad, conocida como “las bailarinas”, se trata de 2 mujeres frotándose los pechos y con las piernas entrecruzadas en actitud amorosa. También los hombres protagonizan numerosos dibujos. En Francia, en un grabado aparece un hombre con el pene en erección y cerca de este la boca de otro en rodillas. Todos estos objetos son evidencia clara sobre el derroche de imaginación de nuestros antepasados en la búsqueda de nuevas experiencias sexuales. Para el arqueólogo y paleontólogo Eudald Carbonell, la homosexualidad está claro que ya existía en las sociedades primitivas. Para este investigador, en los mamíferos, y en concreto en los chimpancés, se da la homosexualidad y nosotros hemos heredado toda la variabilidad del comportamiento sexual del Homo. El sexo sin reproducción, incluida también la homosexualidad, forma parte de la etología social de los bonobos (Pan paniscus) por un comportamiento fijado en el genoma de esta especie de chimpancé, con el objeto de disipar la agresividad y facilitar la sociabilidad de los miembros del grupo.

Las bailarinasLas bailarinas

El sexo también fue un factor de relación social, que ayudo a establecer nuevas relaciones y comportamientos. Tuvo un papel en el desarrollo de las primeras sociedades de nuestros ancestros, quizás como moneda de cambio o como forma de resolver conflictos, como hacen los bonobos, que solucionan con la cópula problemas de territorialidad. Grupos distintos se juntan, copulan y se masturban para equilibrar cuestiones de ámbito social. Y eso mismo han hecho los seres humanos durante milenios. En la edad media, los reyes casaban a sus hijos para ampliar sus territorios, evitar guerras y buscar equilibrios sociales. Se sabe que incluso hoy en día tribus primitivas se reúnen en determinados momentos del año para llevar a cabo prácticas de intercambio de parejas. Como señala Eudald Carbonell, en su libro “El sexo social” (Ed. Now Books, 2005), las relaciones sexuales tenían en muchos casos un valor de moneda de cambio entre grupos y de intercambio genético, porque en aquel periodo había una densidad poblacional baja, lo que hacía necesario un flujo genético que la endogamia de los grupos, compuestos por entre 6 y 12 miembros, no permitía. Como en otras épocas, el intercambio sexual también se usaba como elemento de cohesión entre grupos. Fue así, posiblemente, como apareció la pareja, para estabilizar aquellas sociedades primitivas.

3.2.3 PERPECTIVA HISTORICA   

B-3). Sexo en la prehistoria.

Se desconoce cuándo se empezaron a estereotipar las relaciones sexuales, pero se sabe que llegado cierto momento se empezaron a establecer tabués y normas, y que se castigaba a aquellos que las quebrantaban. En la república checa se ha encontraron los cadáveres de tres jóvenes enterrados juntos en una misma tumba cubiertos de polvos ocres. La escena es clave para entender los orígenes de la sexualidad humana. Uno de los cuerpos presenta una estaca clavada en los genitales, y en otro, un cuchillo apuntando también hacia los genitales. Los tres cuerpos corresponden a dos hombres y una mujer, de entre 17 y 25 años de edad, en plena edad reproductiva. La mujer está en el centro, rodeada por los dos hombres, y todo indica que fueron ejecutados por motivos sexuales, quizás porque la sociedad de entonces no toleraba su conducta y actuaron de manera de manera depravada para la época.

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¿Cómo fue que llegamos a esta situación en la que el sexo dejó de ser una experiencia natural de nuestro ser y se convirtió en una fuente de frustración, tensiones y problemas? Explorando la historia pueden romperse y desmitificarse tabués, clarificarse valores y encontrar las herramientas para construir una nueva sexualidad, que lejos de esclavizarnos, nos libere a la expresión de nuestro verdadero ser. El paraíso terrenal es un mito compartido por muchas culturas y que consiste en una edad de oro en la que vivíamos en paz con la naturaleza, libres del trabajo y que terminó para dar paso al sudor de la frente, la guerra y la enfermedad. Para Cristopher Ryan y otros autores, la pérdida del paraíso es el descubrimiento de la agricultura. Los seres humanos anatómicamente modernos han existido desde hace unos 200,000 años y la agricultura surgió hace unos 10,000 años por lo menos y trajo cambios en la dieta que empeoraron la salud y la esperanza de vida, y se disparo la fertilidad. Se paso a vivir en un solo trozo de tierra y a tener muchos hijos para trabajarla. Con la superpoblación vinieron la guerra por los recursos y las epidemias. Los jinetes del Apocalipsis cabalgan sobre campos de trigo. En la prehistoria se han distinguido dos etapas principales:

1) La primera corresponde a la poligamia natural, durante la cual el ser humano practicaba una vida sexual regulada por los periodos de acoplamiento, de forma muy similar a los animales; así como por los constantes cambios de habitación debidos a los requerimientos de la búsqueda de flora y fauna para subsistir.

2) La segunda corresponde al descubrimiento de la agricultura y la ganadería en el Neolítico. El ser humano deja de ser nómada y se establece y la sexualidad sufre drásticos cambios adquiriendo un lugar fundamental para la civilización, y la monogamia pasa a cumplir la finalidad de asegurar el patrimonio familiar a largo plazo. Las tribus se establecen por largo tiempo en territorios fijos dando lugar al sedentarismo con sus consecuentes modificaciones socioeconómicas, lo cual conduce al advenimiento de la sociedad privada, al mismo tiempo se descubre la asociación entre coito y embarazo y todo esto produce una transformación de las relaciones sociales y de las interacciones hombre-mujer.

La vida era totalmente insegura para los primeros hombres. El sustento debía buscarse día a día en un ambiente hostil. La persecución de la caza y la búsqueda de frutos obligaban a un constante cambio de refugios. Bajo estas condiciones, la unión sexual difícilmente significaba algo más que una satisfacción inmediata por la búsqueda de placer. La sexualidad del hombre de las cavernas era una sexualidad primitiva, de instinto que obedecía a una fuerza ciega de apareamiento sin muchas consideraciones y era necesaria para asegurar la supervivencia de la especie. Muy parecida a la sexualidad de la adolescencia, que es un brote de instinto, una fuerza intensa que lleva a satisfacer una urgencia sin mayores consideraciones románticas de futuro. En las primeras comunidades cavernarias, cuando aún se desconocía su función reproductiva, la conducta sexual se realizaba para la satisfacción inmediata del impulso y se ejercía una promiscuidad sexual primitiva asociada a la inseguridad de la vida cotidiana. En aquella época la supervivencia era la prioridad absoluta, había que buscar el sustento día a día y el hogar eran refugios transitorios. La promiscuidad sexual era la regla común para el varón, quién solía emprender el cortejo de una forma activa, e inclusive dominante, hacia cualquier hembra que no figuraba bajo la protección de otro hombre. El ritual sexual empezaba con una danza rítmica y con palmadas sobre cráneos de animales, señal que informaba a los presentes sobre el deseo de copular. Durante el paleolítico se inicia la diferenciación entre la sexualidad humana y la de los animales, se realiza el coito frente a frente. De la penetración por detrás se pasa al abrazo, a las miradas y a la comunicación. Algunos antropólogos plantean que el matriarcado fue la forma predominante de organización social ya que como no había pruebas de paternidad, el rol de la madre era fundamental y se fue convirtiendo en la cabeza del grupo familiar.

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3.2.4 PERPECTIVA HISTORICA

  B-4). Sexo en la prehistoria.

Inicialmente los hombres eran cazadores y las mujeres recolectoras y ambos sexos trabajaban para una tribu en común y no se apropiaban de una pareja única, pues todo se compartía. Las excavaciones indican que en la prehistoria los seres humanos vivían en grupos pequeños donde no existía la propiedad. Al parecer el estado primitivo del ser humano es la cooperación y esto maximizaba las posibilidades de supervivencia del grupo. Los huesos de cazadores-recolectores de hace 50,000 años nos dicen que llevaban una buena vida, que no sufrían epidemias, ni caries, ni obesidad, y no trabajaban más de ocho horas por semana para sobrevivir. Los pocos cazadores-recolectores actuales llevan vidas igual de tranquilas. Estas sociedades tienden a ser igualitarias y pacíficas, y así debían ser nuestros ancestros. Hasta hace 10,000 años, el mundo estaba casi despoblado, con solo cuatro millones de seres humanos. ¿Por qué pelearse con otra tribu por un trozo de bosque, si con caminar un día más se llegaba a un lugar deshabitado? Cuando el hombre avanza en su desarrollo y es capaz de cultivar la tierra y quedarse en un mismo lugar por largo tiempo, ocurre un nuevo avance en su evolución.

Al surgir la agricultura los roles dejaron de ser tan igualitarios, la mujer se estableció para cuidar a los hijos, la casa, los alimentos y el refugio pasaron a tener más valor, ya no había una comunidad tan unida, sino familias, entre ellas había intereses de acumulamiento, de estar mejor que el otro, más seguro y el sexo se volvió más egoísta. Para las sociedades agrícolas, la paternidad se vuelve importante y hay que alimentar a los hijos propios y legarles las tierras. La única forma de asegurar la paternidad es controlar a las mujeres y su actividad sexual. Aparecen la ira, los celos, la envidia, la generosidad el concepto de propiedad privada y el sentido de posesión. La atracción sexual en la pareja ya no es solo instintivamente, sino que entran en juego otros factores como los celos, el amor apasionado y la propiedad personal. La mujer pierde su papel igualitario y pasa a ser propiedad del hombre y la mejor manera de apropiarse de una mujer era poseerla oficialmente mediante el matrimonio. El matrimonio llega a ser la una de las maneras más socorridas de la elección de pareja por motivos de patrimonio y es así como el ser humano pasa de la elección de pareja por motivos exclusivamente de atracción erótica, a incorporar por primera vez un elemento reflexivo: el cálculo de conveniencias.

Los primeros agricultores estaban agradecidos con la tierra y con la mujer, que la simbolizaba y ambas recibieron adoración por los hombres y la función sexual adquirió carácter de fiesta y ritual elevando el misterio sexual a la divinidad. Identificando a la mujer (como dadora de vida) con la tierra (dadora de frutos) nace un culto a la gran diosa (la madre original), a la sexualidad femenina, símbolo de la fertilidad, que terminaría de ser erradicado definitivamente con la aparición de las religiones monoteístas como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Con la llegada de la agricultura y la monogamia, el deseo femenino se convirtió en un estorbo. Aparecieron los matrimonios por conveniencia, la criminalización del adulterio y una negación del placer femenino, con prácticas atroces como la ablación del clítoris. Si las mujeres tuvieran menos deseo sexual, entonces ¿por qué tanto esfuerzo en reprimirlo?. Paso a ser más decisivo el culto al sol y a otros dioses masculinos, empezando a desvalorizarse lo femenino, tal como lo revelan estudios de los monolitos celtas de Hedgestne.

Con el descubrimiento del Bronce, entre mil y dos mil años antes de Cristo, se inventaron las armas, se produjeron las primeras guerras y se impulso definitivamente el dominio masculino en occidente. Finalmente con la destrucción de la momia de Nefertiti, desapareció toda huella del reinado y del culto a la diosa que impusiera junto con su esposo el Faraón, en el s. XIV a.C, defenestrando a los antiguos sacerdotes que rendían culto masculino al sol. Los pueblos de Mesopotamia desarrollaron ritos y festejos para rendir culto a la divinidad protectora de la sexualidad. Más tarde los siguieron los griegos y latinos, que adoraron a la misma divinidad bajo los nombres de Afrodita y Venus, Hera y Juno. Estas diosas representaban en conjunto, el goce sensual y la preservación de la especie que de él resulta. El “amor convenido” o matrimonio predomina e la antigüedad greco-romana y durante toda la edad media. La unidad central es la familia patriarcal, cuyo jefe tiene el deber de establecer alianzas de parentesco que mantengan y acrecienten el patrimonio familiar. La pasión erótica deviene en un estado emocional peligroso para elegir y sostener a la pareja, lo cual era avalado por la doctrina católica. “nada más infama que amar a la esposa como a una amante”, decía San Gerónimo.

Según la Dra en psicología y sexóloga Alejandra Godoy Haeberle, con el surgimiento de la familia patriarcal se generan una serie de dualidades en lo sexual:

• En el plano social, la esfera privada era restringida al ámbito a la mujer, quedando a su cargo la educación de los hijos y, la esfera pública, quedaba a cargo de los varones

• Doble estándar: permisividad sexual al varón y represión a la mujer, a quien se le exige la virginidad y serle fiel al marido, sin importar su propio placer

• Doble imagen de la mujer: la “buena” es la madre dedicada a la casa o la virgen; la “mala” es la mujer pública dedicada al placer (inicios de la disociación amor-sexo)

• Doble significado de la sexualidad: la reproductiva como la forma lícita y socialmente aceptada dentro el matrimonio; el placer como la forma válida para el hombre fuera del ámbito conyugal.

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3.3.1 PERPECTIVA HISTORICA

C-1). El Sexo en las civilizaciones de la antigüedad.

(Basado en una revisión de la Dra Alejandra Godoy Haeberle)

Cultura Mesopotámica. En la cuna de la civilización occidental aparecen las primeras reglamentaciones de la sexualidad en el código de Hamurabi y se rendía culto a Astarté, diosa protectora de la sexualidad, a quién las mujeres jóvenes le ofrecían su virginidad entregándose a un forastero en el templo. En babilonia, se castigaba cruelmente el adulterio de la mujer a la que se arrojaba al rio con su amante, o bien se le cortaba a ella la nariz y él era castrado.

Cultura egipcia. En general, el sexo se aceptaba como una realidad más de la cotidianidad. Se practicaba la poligamia, que se prohibió en la Roma antes de Cristo. El incesto estaba permitido e incluso el heredero al trono debía casarse con su hermana para ser considerado un rey legítimo, así protegían su patrimonio y lograban mayor poder político. La circuncisión tenía un carácter ritual en la ceremonia de iniciación de la adolescencia. Se ejercía una prostitución sagrada, asociada a la religión.

Cultura Griega y Romana. En la cultura greco-romana así como en la helenística (donde se fusionan los elementos orientales con los griegos), se exalta al ser humano como la criatura más importante del universo, glorificándose el alma y el cuerpo; y, el acto sexual llegó a ser una suerte de manifestación religiosa. Por ejemplo, una extendida costumbre religiosa la constituía la prostitución sagrada, mediante la cual se pretendía atraer los favores de las diosas protectoras de su pueblo. En Grecia se adoraba a Afrodita, en cuyo honor se realizaban ritos de amor y fecundidad. La mujer debía ofrecer su virginidad y fertilidad a la diosa Venus u a otras diosas, a través de la unión con un sacerdote o un extranjero. En este último caso, el forastero debía pagar, a su vez, con una ofrenda en especie o en metálico para costear los cuidados del templo de la diosa. (En la antigua India, los templos también obtenían ganancias generadas por las sacerdotisas al tener sexo). Esa costumbre ritual degeneró en la simple venta del cuerpo femenino. Etimológicamente, fornicación deriva de forno (arcos de los puentes), donde ejercían las trabajadoras sexuales romanas. En Atenas, las mujeres no podían andar solas, privilegio exclusivo de las hetairas (prostituta fina), en tanto que las pornoi eran las prostitutas de más bajo nivel (vocablo del que deriva la palabra pornografía).

La prostitución sagrada y otras manifestaciones, que supuestamente tenían como finalidad la unión del sexo con lo sagrado, simbolizaban el vínculo del hombre con la naturaleza y con los dioses. Pero, además, suponían una forma de mantener o incrementar los bienes familiares, lo cual se refleja en los antiguos casamientos de Babilonia, Grecia y Roma, donde existía como norma el intercambio de regalos o entregar a la hija con una dote, para contribuir así a su seguridad durante el matrimonio. La mujer comenzó a ser una mercancía de intercambio, al tiempo que se instituyó la familia como algo sagrado y el matrimonio se convirtió en un ritual.

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Con la instauración del patriarcado, imperó la dominación sobre la mujer bajo el pretexto de la protección de la familia. Durante toda su vida, la mujer se hallaba sometida a la autoridad omnímoda del pariente masculino más cercano y, en general, ella era un ciudadano de segunda categoría cuya función principal era ser “gyne”, es decir, “portadora de hijos”. La función de la mujer era procrear, perpetuar, y servir a los hijos, teniendo el dudoso “privilegio” de compartir los favores del esposo con otras esposas secundarias (pero, si ella era la infiel, solía ser apedreada). Las tareas femeninas en Atenas consistían exclusivamente en perpetuar la raza y ocuparse de los hijos, mientras los hombres recurrían a las hetairas para saciar sus impulsos sexuales e intercambiar ideas sobre cultura y arte, pues se trataba de cortesanas que no sólo vendían su cuerpo, sino también su encanto, conocimientos y amistad. Similarmente, la estructura familiar romana se caracterizaba por la clara distinción de los roles asignados, donde destacaban las funciones del pater familia, de la esposa, de los hijos, de los esclavos y hasta de los clientes. En los tiempos de la República aún se mantenía la estructura de familia patriarcal y el respeto a la religión.

Se exaltaba la potencia sexual masculina a través de las imágenes divinas de Zeus y, especialmente, de Apolo. En la mitología se resaltan las aventuras eróticas del padre de los dioses y de su hijo predilecto. Se prefería y se veneraba más a Apolo como un dios pleno de belleza física y espiritual, así como de fortaleza y valor. De él proviene el concepto de belleza apolínea, que hasta la actualidad se considera el prototipo del hombre viril y sensual. Entre los mortales, el criterio de tres coitos seguidos marcaba haber dejado la infancia y alcanzado la juventud. Dentro de la misma línea, en el manual Taoista del s.II se afirmaba que después de 1,200 relaciones sexuales el emperador se volvía inmortal.

En el siglo V a. C., en Grecia, la construcción de las ciudades y el desarrollo de las actividades artesanales y comerciales condujo a que las personas comenzaran a perder el contacto con la naturaleza y se dedicara más al ocio y al arte. Al mismo tiempo, la sexualidad va perdiendo su sentido profundo y se empiezan a realizar orgías que suponían, simplemente, una liberación de índole personal. Se sustituyó el culto de Afrodita por el de Dionisos o Baco, dios de la sexualidad y del vino; pero, al mismo tiempo, crearon al dios Apolo, que se caracterizaba por su sabiduría y por su tendencia a la moderación de los instintos; con ello, se intentaba lograr un equilibrio entre ambos extremos. Dichas orgías dedicadas a Baco fueron, en un inicio, verdaderos rituales del amor en que se rogaba por la fertilidad, de la mujer y de la tierra. No obstante, con el correr del tiempo esta creencia perdió su base religiosa y se fueron transformando en excesos de índole hedonista. Sin embargo, entre los múltiples aporte de la cultura grecolatina se incluye los primeros atisbos de educación sexual, formando a los niños en el conocimiento de las funciones sexuales. Reconocían la importancia de desarrollar una sexualidad plena y procuraban exaltar el erotismo. Como parte de esta apertura general, los griegos eran permisivos ante ciertas conductas homosexuales masculinas entre adultos y adolescentes púberes, pero siempre dentro de un contexto educativo, en el cual el adulto tenía la función de formar intelectual y éticamente a sus pupilos (paidegogous). Por otra parte, se consideraba que la homosexualidad masculina representaba una forma de búsqueda de la belleza y del amor. No se consideraba que la homosexualidad menoscabase la virilidad, siempre y cuando no afectasen su desempeño en las continuas guerras. A modo de ejemplo se pueden mencionar desde Zeus hasta Alejandro Magno. Los romanos adoptaron gozosamente esta práctica para excitar sus rutinarios placeres. No obstante, se desaprobaba la homosexualidad y los contactos sexuales si éstos eran de carácter exclusivo entre hombres adultos; así como actos homosexuales con muchachos impúberes, situación que era penada por la ley.

En Roma, con la corrupción de la clase dirigente, el desgaste social y las guerras coloniales a las que debía hacer frente el Imperio para mantener unidos a pueblos tan diversos, se va generando una ansiosa necesidad de disfrutar de variados placeres. Dicho hedonismo grecorromano ha sido asociado a la relativa aceptación de la homosexualidad, la bisexualidad y el aborto. En este nuevo contexto socio-económico, la unidad familiar se rompe y el panorama cambia por completo. La mujer se desentiende de los hijos, cuya educación es confiada a una sirvienta o a un esclavo; se extiende el aborto como método anticonceptivo y se recurre al sexo y a la lujuria para la realización personal, tanto masculina como femenina, pasando a ser la obtención del placer el valor supremo al que se sometía todo lo demás. El adulterio (preconizado por Ovidio en “El arte de amar”) y el divorcio eran aceptados y practicados en numerosos casos.

Aunque el imaginario de desenfreno y perversión sexual con que se identifica a griegos y romanos resultan exagerados, efectivamente hubo excesos y avidez sexual en la última etapa del Imperio Romano, lo cual – a modo de contrapeso – llevó al surgimiento, en plena época imperial, de una corriente contraria, encabezada por filósofos estoicos y neoplatónicos. Con la cultura helenística habían arribado ideas orientales sobre el espíritu y la vida después de la muerte, trayendo como consecuencia una ansiosa preocupación por el comportamiento humano en la tierra, con lo cual el ascetismo cobró fuerza. En este sentido, la cultura helenística representa una especie de transición entre el período objetivo griego y el medieval subjetivo. Plotino destaca como el convertidor del pensamiento helénico, influyendo en los Padres de la Iglesia y en los fundamentos de la doctrina agustiniana. En efecto, en Grecia, durante la Antigüedad Tardía, habían florecido durante cortos períodos, un gran número de escuelas filosóficas. De las más interesantes, desde el punto de vista de la sexualidad, fueron las escuelas estoicas y las epicúreas.

Los filósofos postaristotélicos sostenían dos grandes posturas dicotómicas respecto a la forma de encontrar la felicidad. Los epicúreos afirmaron que, como todos los conocimientos se originan en las sensaciones, la meta de la vida era gozar cuantos placeres fuesen posibles y, de manera consistente, preconizaban minimizar el dolor y el sufrimiento de los otros. Por su parte, los estoicos creían que la finalidad de la vida era alcanzar la serenidad espiritual y que la felicidad se debía encontrar dentro de uno mismo, una vez que se hubiesen dominado las pasiones, las que consideraban disposiciones del alma y no fuerzas extrañas. La virtud se lograba mediante la prudencia, la justicia, la templanza, el valor, la disciplina sobre uno mismo y el cumplimiento de los deberes.

3.3.2 PERPECTIVA HISTORICA

       C-2). El Sexo en las civilizaciones de la antigüedad.

Religión Canaanita pre-judaica. Prevalecía la veneración de dioses de ambos sexos, incluyendo a diosas de la fertilidad y a sacerdotisas. Sufrió una profunda modificación con la llegada de las religiones monoteístas, las que creían en un dios masculino, tal como el dios judío Jahvé. según la mitología, Eva fue una diosa de la fertilidad muy reverenciada, quién luego devino en maldita al asociársele con el pecado original, acusándola de causar muerte y el mal, siendo castigada por Dios quién la condena a parir con dolor.

También en Turquía, Egipto, África, Roma, las Islas del Pacífico o las llanuras de Norteamérica, los dioses dejaron de ser masculinos, femeninos o bisexuales, dando paso al único dios de las religiones nacidas en el Cercano Oriente: el Judaísmo, el Islamismo o el Cristianismo (una excepción fueron los Cristianos Gnósticos, cuyo dios es tanto hombre como mujer). La dominación masculina puede también rastrearse a la invasión de los rusos en Asia y Europa, y desde la India a Irlanda. Los grupos de poder político y religioso quedaron limitados a los hombres.

Religión Judía. Sus principios han afectado a la sexualidad occidental hasta nuestros dios. La cultura hebraica fue una de las primeras en reprimir la sexualidad, particularmente la de las mujeres, las que eran consideradas simples objetos sexuales. Sin embargo, en el Cantar de los Cantares la sexualidad era representada como un impulso creativo y placentero, que no era considerado malo en sí mismo ni se restringía únicamente con fines de procreación.

En el Antiguo Testamento, donde se incluyen los Diez Mandamientos de Moisés, difundidos hacia el 1300 a.C., se encuentran las normas que deberían regular la conducta sexual de la época. En general, se califica como impuros el adulterio, la fornicación, la prostitución, la sodomía y la homosexualidad. Es así como encontramos el “no fornicarás” (el Rey Salomón tuvo 700 parejas estables además de innumerables amantes). El Rey salomón fue engendrado a partir del adulterio de Betzabé con el Rey David, quién no conforme de tener una decena de esposas y una docena de concubinas manda a matar al esposo de Betzabé para casarse con ella y convertirla en madre del heredero al trono. en Éxodo (XX, 14) se prohíbe el adulterio, reforzándose en Levítico (XVII, 20): “no pecarás con la mujer de tu prójimo ni te contaminarás con tal unión”. Se proscribe también la homosexualidad en Levítico (XVIII, 22): “no cometerás pecado de sodomía porque es una abominación”; aparece el tabú de la desnudez en Levítico (XVIII, 7) y la prohibición del incesto en Levítico (XVIII, 6): “nadie se juntará carnalmente con su consanguinidad, ni tendrá que ver con ella”. También en Corintios (I, 1-5) se hace evidente la prohibición del incesto.

En Israel, la finalidad del matrimonio era la procreación y el mantenimiento del poder del clan; la monogamia es estricta y el matrimonio indisoluble, al tiempo que se prohíbe tajantemente toda relación extramarital. El sexo, enmarcado en el matrimonio, era considerado tanto una obligación como una alegría. La unión legal tenía como finalidad la descendencia, con miras a la conservación del patrimonio que era traspasado de una generación a la otra mediante la práctica del mayorazgo. Sin embargo era común la poligamia entre los reyes israelitas.

3.3.3 PERPECTIVA HISTORICA C-3).

El Sexo en las civilizaciones de la antigüedad.

  1. En la polarización producida entre hedonismo y ascetismo, el Cristianismo encontró una tierra fértil para desarrollarse. La introducción de la moral estoica, condujo a varios pensadores y gobernantes a condenar varias prácticas sexuales de la época. Tras las invasiones bárbaras y el declive económico y territorial sufrido por los romanos, triunfa definitivamente el Cristianismo, imponiendo una ética sexual con ideas muy restrictivas en materia sexual, la cual tuvo significativos efectos y consecuencias sobre la sexualidad durante siglos.

El Cristianismo Primitivo, donde destaca el trascendentalismo patrístico, consistió en la fusión del judaísmo con el estoicismo griego, la estructura imperial y la normatividad jurídica romanas. Los antiguos textos del siglo I en Nag Hammardi, Egipto, evidencian las diferencias en las creencias y prácticas de los primeros grupos cristianos. Estos fueron considerados heréticos en el siglo III, por lo que fueron escondidos por los monjes benedictinos y finalmente quemados en el siglo V, con lo cual se pudo ensamblar el Antiguo y el Nuevo Testamento en la Biblia. Así, se logró institucionalizar una sola verdad, una ortodoxia que unió a los Cristianos frente a las persecuciones, pero también aparece la intolerancia ante versiones discrepantes. Esta fue una época de creencias, de autoridad, de sumisión y de aceptación, decisiva en la predominancia de una férrea y única moral sexual. Cuando el Cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio Romano, se fue convirtiendo en una fuerza política y represiva; asumiendo la Iglesia la jurisdicción sobre el matrimonio, dejando éste de ser un asunto civil; y, pasa a dictar normas para la conducta sexual, basándose en la concepción del sexo como pecado. Se exalta la castidad como símbolo de pureza y el acto sexual es considerado como algo pecaminoso, incluso dentro del matrimonio; se admite porque es imprescindible para la procreación, considerada como un deber sagrado. Para conseguir que el placer fuese el mínimo y con el fin de evitar la visión del cuerpo desnudo, las mujeres debían ponerse un camisón que poseía a la altura de los genitales un orificio por el que el marido debía introducir el pene. En la Biblia se exhortaba a crecer y multiplicarse, siendo el sexo reproductivo una obligación y el sexo sin hijos, una ofensa o una maldición. Por otra parte, allí se condenaba la prostitución, la homosexualidad y la masturbación.

A diferencia del judaísmo, el cual no distinguía entre el amor físico y el amor espiritual, la doctrina cristiana se encaminó a continuar los pasos de las pautas griegas, planteando – por un lado – el eros o “amor carnal” y – por otro lado – el ágape o “amor espiritual”, no material. Se repudiaron los placeres mundanos y se fomentó el goce puramente espiritual. San Pablo, de gran influencia entre los apóstoles, ya había propuesto el celibato y la abstinencia como ideales; pero, como reconocía que la mayoría no podía lograrlos, propuso el matrimonio como forma de legitimar la pasión y la lujuria. El mito de Adán y Eva sitúa a la mujer como foco de tentación, hasta el punto que llega a afirmar en la Epístola a los Corintios que “…bien le está al hombre el evitar el contacto con la mujer. Sin embargo, por evitar la fornicación, que cada hombre tenga su mujer, y cada mujer su marido. (…) Si no pueden guardar continencia, que se casen. Es mejor casarse que consumirse”. San Jerónimo considera que cada contacto sexual aleja un poco más del Espíritu Santo y, por otro lado, el papa Gregorio el Grande en el siglo V indica que el pecado original es hereditario: “El apetito de nuestros padres por la carne es la causa de nuestra vida y por eso somos pecadores”.

La rígida moral sexual se vio fuertemente influenciada por la doctrina agustiniana del siglo IV. San Agustín, el denominado padre de la Iglesia Católica, fue quien transformó a la psicología de ser el estudio de la conducta del individuo al estudio de las fuerzas o de los procesos intangibles de la conciencia. Libertino durante su juventud, posteriormente renegó de su pasado, llegó a considerar el sexo como algo deleznable, infernal, una podredumbre o pus. La renuncia al placer y el sacrificio deberían ser obligatorios. Afirmaba que, nada hacía descender tanto la mente viril, como las caricias de una mujer, evidenciando sus sentimientos de culpa debido a sus experiencias sexuales pasadas. Todo ello da lugar a que se extienda un sentimiento de culpabilidad y malestar entre los cristianos, obligados a avergonzarse de su cuerpo y a la represión de sus instintos naturales. Para él, la sexualidad y la procreación eran inseparables, sosteniendo que el deseo sexual era una tendencia animal que podría ser justificada y orientada hacia el bien, siempre y cuando el acto sexual tuviera como finalidad la procreación. Describía al acto sexual “como un fenómeno que se apodera completamente de uno, haciéndole perder el control, provocando sacudidas violentas que no corresponden al control de la voluntad”.

Con el advenimiento de la civilización greco-latina y judeo-cristiana se terminan de consolidar, perdurando posteriormente durante siglos, dos tendencias fundamentales muy vinculadas entre sí, reflejando la interinfluencia entre cultura, religión y sexualidad:

– La primera se refiere a la exaltación del potencial sexual masculino como reflejo de la

dominación general del hombre y de la represión de la sexualidad femenina. Aún hoy

los Judíos Ortodoxos agradecen a su dios no haber nacido mujeres y en el Muro de los

Lamentos se tiende a segregar a las mujeres de los hombres.

– La segunda tendencia apunta al dominio de la religión sobre el comportamiento

sexual, reduciéndolo casi exclusivamente al proceso de reproducción.

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Antiguo Oriente. En otras latitudes y en otras religiones, el Islam y el hinduismo, la actitud y los criterios que regían la sexualidad eran mucho más positivos que en Occidente. En Oriente, la sociedad buscaba el conocimiento y el desarrollo de las funciones sexuales. “En la sociedad hindú existía un segmento que aprobaba casi todos los comportamientos de índole sexual. En China, el sexo no era un hecho que inspirase temor, ni se conceptuaba como pecaminoso; antes bien, se estimaba como un acto de culto y veneración, e incluso como la senda que conducía a la inmortalidad” (Bullough).

En la antigua China y en el Japón ancestral, proliferaban unos manuales que cantaban el éxtasis del goce sexual y sus variedades. Los más conocidos se dieron a conocer en la India, tal como el libro sagrado del erotismo hindú, el famoso Kama Sutra, que enseñan las maneras de convertir el goce de la sexualidad en una experiencia casi mística. Esta obra es considerada como el trabajo básico sobre el amor en la literatura sánscrita. Cronológicamente se sitúa en el período Gupta (entre el 240 y el 550 d. C.) y se copiló aproximadamente en que san Agustín escribía sus Confesiones. Esto no quiere decir que en estas culturas el desarrollo de la sexualidad triunfara. Las conveniencias políticas y las concepciones machistas mantenían gran número de costumbres atroces y represivas contra las mujeres y las clases más humildes. Entre los peores aspectos de sus ideas sexuales, por ejemplo, se encuentra la costumbre del suti. Por ella, la viuda de un hombre debe incinerarse viva en la pira funeraria de su esposo. Esta práctica, afortunadamente, fue virtualmente erradicada por los cambios sociales experimentados – recién – en el s. XX.

Este artículo fue sacado del blog Gabyjesus  (https://gabyjesussw.wordpress.com/tag/swinger/). Créditos para ellos.

Fotografía: http://www.sexcartoontube.com/

Una respuesta para “Swinger desde la perspectiva histórica”

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